"Trainspotting", de Irvine Welsh

Ficha técnica
- Título: Trainspotting
- Autor/a:
Irvine Welsh
- Saga: Mark Renton #2
- N° de páginas:
348
- Editorial:
Anagrama
- Año:
2002 (1993)
“Elige la vida. Elige pagar hipotecas; elige lavadoras; elige coches; elige sentarte en un sofá a ver concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu, atiborrándote la boca de puta comida basura. Elige pudrirte en vida, meándote y cagándote en una residencia, convertido en una puta vergüenza total para los niñatos egoístas y hechos polvo que has traído al mundo. Elige la vida”

Mark Renton, el protagonista de Trainspotting, elige no elegir la vida. Junto con sus amigos, forman parte de la parte quizás no vista de Edimburgo, esa sumida en la total miseria, el desempleo, el sida y la droga. La novela básicamente cuenta el día a día de estos jóvenes, y su relación con el “elixir que les da la vida y se las quita”.

Sería muy fácil resumir esta historia. Pero al mismo tiempo no. Relatar los hechos que suceden, en forma cronológica, podría durar no más de unos renglones. Sin embargo, si esta historia se quiere analizar más en profundidad, ahí tendríamos para hablar largo y tendido. La novela trata, más que nada, de la vida de un grupo de jóvenes drogadictos. Trainspotting se divide en varias partes, con diferentes narradores. La voz principal corresponde a la de Renton, pero todo el tiempo intercala con las narraciones de los demás personajes. Uno de los mayores logros de Welsh es haber caracterizado a la perfección cada una de las voces; cuando el lector ya está adentrado en la historia, cuando ya reconoce con más facilidad su rutina y el ambiente en que se mueven, es mucho menos dificultoso darse cuenta de quién es el que narra en cada momento. El principio de la novela puede resultar bastante confuso, porque se introducen muchos personajes y uno no sabe muy bien a qué apunta cada uno, si es que con el correr de la trama serán importantes o no. No obstante, cuando el argumento avanza, la cantidad de personajes se “depura”, y se van perfilando los que son fundamentales para su desarrollo, los que efectivamente cuentan la historia. Rozando la mitad de la novela, el argumento se hace mucho más llevadero; es considerablemente más fácil seguir el argumento, porque el lector ya reconoce a los personajes más trascendentes y entiende, de alguna manera, su forma de actuar.

Otro de los méritos que tiene el autor en Trainspotting es la manera en la que transmite ese mundo tan conocido y a la vez tan desconocido: el universo de las drogas. En la novela todos los protagonistas son adictos a ellas, en especial a la heroína. Y si no lo son, caen en ella casi por inercia. Al ser la novela narrada en primera persona, excepto en contadas ocasiones, la descripción que se hace de la adicción es mucho más “confiable”, para decirlo de alguna manera, porque son los mismos narradores los que están sumidos en ese mundo. Entre medio de las partes en las que se narra la historia, hay unos apartados titulados “Dilemas yonquis” (y posteriormente, un solo “Dilema del desenganchado”), que son muy ilustrativos, muestran muy bien cómo es, justamente, la mentalidad de un yonqui, cómo se sienten a la hora de enfrentar la droga. El uso de la primera persona convierte a la narración en un constante cross a la mandíbula. Cada oración golpea fuerte. Quizás uno, por estar inmerso en la historia, no se percata de ello. Lo cierto es que, aunque no lo parezca, Trainspotting es una novela muy triste y hasta desesperanzadora. La narración de Welsh lo convierte en un texto irónico, mordaz y sumamente ácido; pero no es hasta que termina, o se detiene especialmente a  pensar en lo que está contando su autor, que se da cuenta de lo tremenda que es, de lo terrible que cuenta.

En Trainspotting no hay “grandes” hechos o giros de trama que sorprendan. La novela de Welsh podría pasar por una historia bastante monótona; pero en realidad, la vida del adicto es así. Los protagonistas de esta historia no piensan en otra cosa que en inyectarse heroína, o cualquier otra droga que caiga en sus manos. Si en algún pasaje la novela se vuelve un tanto repetitiva, también por el uso de expresiones coloquiales en referencia a las sustancias que consumen, es porque la rutina de los adictos se resume a eso; no hay otros hechos que los saquen de ese lugar. Las narraciones de los protagonistas son las que más caen en esta especie de monotonía, pero el autor recurre, en algunos pasajes, a relatos “aislados” que sirven para que el lector, de alguna forma, se “desconecte” de la historia central, aunque estos relatos siempre tienen que ver con el tema de las drogas o de las consecuencias que estas traen, como el contagio del sida. Tal es el caso de un capítulo (si así podemos nombrarlo) titulado “Mala sangre”, que cuenta la historia de Davie, que luego no aparece tanto en las narraciones de Renton y sus amigos, de cómo empezó a ir a grupos de terapia para efectuar una venganza personal. Más allá del posible carácter repetitivo de la novela, lo interesante de esto es que Welsh consigue que el lector se meta de lleno en la historia, y sobre todo a partir de la mitad de la misma, la lectura se hace (nunca mejor usada esta palabra) casi adictiva.

Trainspotting encuentra su mayor virtud en la forma en que transmite la crudeza y la miseria de la gente que optó, como Renton, vivir de esa manera, o también la que quizás no tuvo otra opción. Dotada de una intensidad y una ironía pocas veces vista, la narración de Welsh, enmarcada en el vocabulario de las calles, consigue mostrarnos agresivamente la rutina de un grupo de drogadictos que podrían no tener mucho de especial, pero que con el correr de la historia terminan convirtiéndose en personajes difíciles de olvidar.
Puntuación final

9/10

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